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SATSE exige una rectificación pública tras las declaraciones contra enfermería en el Parlamento

SATSE denuncia públicamente el sesgo de unas manifestaciones realizadas en el Parlamento de Navarra por una médica de Atención Primaria, en las que se desliza un relato profundamente injusto, sesgado y ofensivo hacia el colectivo enfermero, al que se presenta como parte del problema de sobrecarga asistencial en lugar de reconocerlo como uno de los principales soportes de un sistema sanitario cada vez más deteriorado.
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Para SATSE, estas manifestaciones no solo suponen un ataque directo al personal de enfermería, sino que también trasladan una visión corporativista, reduccionista y profundamente desleal de la realidad asistencial. Cuando la sanidad pública navarra atraviesa uno de sus momentos más delicados, lo último que necesita es que se alimente la división interna entre profesionales que llevan años sosteniendo, con sobrecarga y precariedad organizativa, la Atención Primaria.

La organización destaca que “la realidad es muy distinta al relato que se ha querido proyectar. Enfermería no interrumpe: enfermería contiene, valora, prioriza, filtra, resuelve y deriva. Atiende en primera instancia a quien llega con una demanda urgente, realiza triaje, aplica protocolos, asume una presión asistencial constante y toma decisiones clínicas ajustadas a procedimientos establecidos” Y lo hace, además, con un nivel de exposición, responsabilidad y desgaste que “con demasiada frecuencia no encuentra ni reconocimiento ni respaldo suficiente” sentencia.

Para SATSE, lo especialmente grave es que se pretenda convertir en reproche lo que en realidad ha sido una cesión permanente de esfuerzo por parte de las enfermeras. Porque si hoy muchos procesos llegan revisados, orientados y encauzados a consulta médica, es precisamente porque antes ha habido una profesional de enfermería que ha hecho valoración integral, anamnesis, seguimiento y juicio clínico enfermero.

“Reducir ese trabajo a una molestia o a una fuente de sobrecarga para otros profesionales es una falta de respeto intolerable” apuntan desde la organización. 

El sindicato quiere recordar algo elemental: si se desea un cumplimiento escrupuloso y literal de los límites competenciales, enfermería no debería realizar ningún acto que invada o supla funciones médicas, ni asumir de facto actuaciones que dependen de una firma, validación o cobertura que legalmente corresponde a otros perfiles. Quizá entonces habría, en apariencia, menos “interrupciones”. Pero también quedarían mucho más expuestas las costuras de un sistema que se ha acostumbrado a descansar sobre el trabajo invisible, flexible y frecuentemente desprotegido de las enfermeras.

Porque esa es otra de las cuestiones que no se pueden seguir ocultando: la Administración ha tolerado, cuando no impulsado, circuitos en los que enfermería asume cargas, cribados, valoraciones y actuaciones para las que después no existe un amparo normativo suficiente, claro y valiente. Se exige responsabilidad, capacidad de resolución y disponibilidad total, pero no se dota a las enfermeras ni de la autonomía legal ni de la seguridad jurídica que corresponderían a ese nivel de exigencia. Esa ambigüedad interesada resulta cómoda para la gestión, pero profundamente injusta para las profesionales.

Por ello, SATSE dirige también una crítica directa a la Administración, por haber permitido durante demasiado tiempo un modelo apoyado en el sobreesfuerzo de los equipos, en la confusión funcional y en una utilización oportunista de las competencias de las enfermeras: se recurre a ellas para sostener el sistema, pero se las deja sin el respaldo normativo, organizativo y profesional que sería exigible. 

“Las enfermeras no son responsables de la falta de médicos, ni del déficit de planificación, ni de la escasa capacidad de atracción de determinadas plazas, ni del colapso organizativo de la Atención Primaria. Lo que sí son es una de las pocas certezas que todavía mantienen en pie los centros de salud. Y precisamente por eso resulta doblemente grave que se las coloque en la diana de un malestar que tiene causas estructurales, políticas y de gestión sobradamente conocidas” sentencian desde la organización

Por todo ello, SATSE Navarra exige una disculpa pública o, como mínimo, una reconsideración expresa de las palabras vertidas, no por una cuestión simbólica, sino por responsabilidad profesional. Cuando el sistema sanitario navarro se encuentra exhausto, cualquier voz con relevancia pública debería contribuir a recomponer, no a fracturar, unos entornos de trabajo que bastante castigados están ya por la sobrecarga, la falta de personal y la ausencia de soluciones de fondo.

El Sindicato de Enfermería lamenta igualmente que desde el ámbito del sindicalismo médico se dé cobertura o amparo a discursos que agravian a otras categorías y que vuelven a poner el foco en los compañeros en lugar de ponerlo en el modelo. La función de una organización sindical no puede ser apuntalar relatos corporativos ni alimentar jerarquías defensivas, sino defender a los profesionales y empujar cambios que hagan el sistema más eficiente, más justo y sostenible.

“Lo que no vamos a aceptar es que, encima de cargar con una asistencia cada vez más compleja, las enfermeras tengan que soportar ahora un relato público que las señala, las minusvalora y las convierte en un problema. Sin enfermería, la Atención Primaria no colapsaría mañana: colapsaría hoy”, concluye SATSE.