Perspectivas
No se puede tapar el colapso con incentivos
Cuando la Administración no quiere afrontar el problema de fondo, recurre a lo de siempre: una medida rápida, vistosa y fácilmente vendible para aparentar que actúa. Ahora lo plantean con incentivos ligados a la actividad. Pero el problema sigue siendo exactamente el mismo: listas de espera disparadas, servicios tensionados y profesionales sosteniendo a pulso una sanidad pública cada vez más exigida, más sobrecargada y peor planificada. Conviene decirlo claro: esto no es una solución. Es un parche. Y, además, un parche injusto.
Desde SATSE llevamos demasiado tiempo viendo cómo la Administración confunde gestión con maquillaje. Cuando las cifras aprietan, aparece una medida excepcional. Cuando la presión sube, se pide un esfuerzo más a los mismos de siempre. Y cuando el sistema no responde, en lugar de reconocer que faltan recursos humanos, previsión y una política seria de planificación, se opta por comprar tiempo y vender eficacia. Es decir: se intenta tapar con dinero puntual lo que no se ha querido resolver con estructura estable.
Pero la realidad no se maquilla. La sanidad pública no está fallando por falta de compromiso profesional. Está fallando porque se ha normalizado trabajar al límite. Porque se ha asumido que las plantillas pueden seguir soportando más presión. Porque se sigue descargando sobre los trabajadores lo que debería resolverse con planificación y responsabilidad política.
Y ahí está una de las trampas más graves de este modelo: genera agravios comparativos.
No puede haber profesionales de primera, a los que se incentiva cuando aprieta la situación, y profesionales de segunda, que siguen soportando la misma presión estructural sin refuerzos equivalentes ni reconocimiento real. La sanidad pública no puede organizarse a base de desigualdades internas, porque eso rompe la equidad, deteriora los equipos y lanza un mensaje muy peligroso dentro del propio sistema.
No cuestionamos a ningún profesional. Cuestionamos el modelo. Si hay necesidad asistencial, que se creen puestos, que se amplíen equipos, que se organicen turnos y que se invierta en estructura. Eso sí es reforzar la sanidad pública. Lo otro es seguir poniendo tiritas a una herida que requiere cirugía.
Las listas de espera no se resuelven a golpe de incentivo. Se resuelven con más plantilla, mejores condiciones, previsión y una organización a largo plazo. Y eso exige mirar especialmente a la Atención Primaria, que es la puerta de entrada del sistema.
Si la Primaria no funciona por falta de profesionales, por los cambios demográficos, por la evolución del modelo asistencial y por no aprovechar plenamente todas las capacidades de enfermeras, fisioterapeutas, médicos, y resto de profesionales que conforman este ámbito, lo único que se consigue es llegar tarde, cronificar problemas y fabricar nuevos pacientes para un sistema ya tensionado.
De eso hablamos cuando hablamos de organización, recursos, estructura y modelo. Navarra no necesita más fuegos artificiales. Necesita decisiones valientes, recursos estables y respeto por quienes sostienen cada día la sanidad pública
Artículo de opinión
Pedro Aicua
Secretario autonómico de SATSE Navarra